Empiezas con ilusión, pero a los tres días se apaga la llama.
Tachas lo fácil de la lista para sentir que avanzas, aunque lo importante siga ahí, mirándote con cara de reproche.
Te inventas excusas elegantes esas que suenan a madurez, pero huelen a miedo. Miras a los demás y se te encoge el estómago: ellos avanzan, tú analizas.
Y cada noche, antes de dormir, te repites la mentira más vieja del mundo: “mañana, sí.” Yo también estuve ahí.
Creí que lo que me faltaba era motivación. Que no estaba lista. Que simplemente “no era el momento.”
Llené cuadernos de frases inspiradoras, subrayé libros, escuché charlas que me ponían la piel de gallina…
Y aun así, nada cambió. Porque la motivación dura, lo que dura un café caliente: se enfría rápido.
Y cuando se enfría, e quedas igual que antes. Solo que más cansada.
No me faltaba motivación, me faltaba un sistema, uno que no me dejara hacerme trampas y alguien que no me dejara escapar de mí misma cuando el miedo se disfrazara de lógica.

Durante dos años vivió con el “ya casi” en la boca. Tenía notas llenas de ideas en su celular, proyectos a medio escribir, planes que nunca pasaron del título.
Hasta que entró a la mentoría. Eligió un solo objetivo, lo partimos en pasos ridículos y aplicamos el método MAR.
28 días después, estaba cobrando a sus primeros clientes.
No hubo milagros, hubo dirección, foco y alguien que no lo dejó huir.
Y por eso, lo logró.
Cuando llegas a la Bitácora, todo aterriza.
Aquí, las ideas se convierten en manos moviéndose

“No tengo tiempo.” Solo necesitas veinte minutos al día. El tiempo no se encuentra, se fabrica.
“Me bloqueo siempre.” Perfecto. El bloqueo es la entrada al hueso duro. Ahí está la verdad. Para eso estoy yo: no para inspirarte, sino para empujarte a mover la piedra.
“Ya probé otros cursos.” Claro, porque eran teoría, esto no. Esto es un sistema vivo, con acompañamiento real. Aquí no hay dónde esconderse.
“Necesito más recursos.” Mentira piadosa. Ya tienes lo que necesitas:
tu cabeza y tu móvil.
“¿Y si fallo?”. Aquí no se castiga, se ajusta. El método está hecho para corregirte en el camino, no para dejarte morir en la orilla.
Valor: 199 USD
Incluye:

Soy Nati Paerez, la mente y el corazón detrás de Hagamos que las cosas sucedan.
Sé lo que es tener mil ideas rondando la cabeza, una lista de sueños pospuestos
y esa sensación de que ya es hora de hacer algo distinto.
Mi misión es acompañarte a transformar el caos en claridad y la claridad en acción.
A dejar de girar en torno a lo que “deberías estar haciendo” y comenzar a construir una vida coherente, enfocada y tuya.
He creado sistemas y mentorías que no buscan motivarte por un rato, sino ayudarte a crear resultados reales y sostenibles: desde la estructura, la mentalidad y la emoción.
Sin perfección.
Sin fórmulas imposibles.
Solo con verdad, enfoque y acción imperfecta.
Hoy acompaño a cientos de personas que decidieron pasar del “algún día” al “lo estoy haciendo”.
Porque entiendo lo que se siente estar ahí: saber que tienes potencial, pero no dirección.
Y déjame decirte algo: sí puedes. Solo necesitas claridad, método y el coraje de comenzar.
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